CAMPAÑAS POLÍTICAS, LA OTRA PANDEMIA

👉Gracias a la reforma en la que el órgano electoral decidió empatar los comicios a puestos de elección popular: presidencia de la República, gubernaturas, senadurías, diputaciones locales y federales, y presidencias municipales; los mexicanos habíamos descansado un poco del constante bombardeo político disparado desde los medios de comunicación convencionales (radio y televisión principalmente), los cuales, por cierto, prácticamente han perdido la batalla frente a las redes sociales y otros medios alternativos digitales.

Además de la sobreexposición de partidos y candidatos; el derroche descomunal de dinero del erario público era, y seguirá siendo – creo yo -, el distintivo central de tales campañas.

2021 es año electoral y, por ende, nuevamente tendremos que soportar toda la andanada de dimes y diretes por parte de los aspirantes ávidos de hacerse, a como dé lugar, de una alcaldía o de alguna curul en el Congreso local o federal.

La única diferencia respecto a campañas anteriores es que, las de este año, se desarrollarán en un contexto de gran desánimo social y una significativa merma económica ocasionados por la pandemia. En este sentido, permítanme formular una pregunta: ¿Qué tienen en común la pandemia y dichas campañas? Simple, a ambas las caracteriza un virus: a la pandemia del Covid-19 el virus SARS-coV2, y a las campañas políticas… el virus de la mentira.

Sí, la mentira ha sido el sello característico de quienes dicen tener el remedio eficaz para todos nuestros males. Salvo honrosas excepciones, hasta el día de hoy, la mayoría de todos aquellos candidatos que han sido elegidos para desempeñar un puesto, en alguno de los tres niveles de gobierno, no han hecho nada extraordinario. Nos han mentido sistemáticamente con una sarta de promesas incumplidas que, pasado el tiempo, lo único que han conseguido es decepcionar y desalentar a los electores quienes intuyen haber sido engañados y defraudados por enésima ocasión.

Quizás no falten quienes digan: pero ahí están las banquetas, las calles pavimentadas, los techados en las escuelas, etc., etc., y yo les contestaría: vamos, ¡en algo tenían que gastarse todo el presupuesto asignado! No, no se trata sólo de obra pública. Una de las grandes lecciones que nos está dejando la pandemia es que, mientras no contemos con una sólida infraestructura de salud pública, lo demás sale sobrando. Ahí están las aulas, sin alumnos. Las banquetas, atiborradas de personas, por lo angostas. Las calles pavimentadas, sólo para que los neumáticos de los carros no se llenen de fango. ¿Y muchos de nuestros familiares y amigos? Muertos… muertos por falta de hospitales y equipo especializado.

Por: Primitivo Montes Aldave
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