Servicio Social, experiencia de aprendizaje situado basada en la otredad

  • El ejercicio formativo de voluntariado y servicio social corresponde a la necesidad de conciliar el conocimiento teórico con las múltiples realidades del país y el mundo.

Desde la virtualidad, la IBERO Puebla inauguró el 37° Congreso Nacional y 11° Internacional de Servicio Social y Voluntariado Universitario: IV Coloquio Iberoamericano sobre Voluntariado Universitario. Se trata de un foro que, durante una semana, reunirá de manera digital a cerca de 300 estudiantes, profesores y miembros de organizaciones sociales.

Las instituciones de educación superior universitaria han propiciado que los jóvenes apliquen sus talentos y esfuerzos a la solución de problemáticas complejas del país. “La creación del servicio social responde a la necesidad de convocar a los universitarios a poner su profesión al servicio de estas mayorías”, expuso el Mtro. Mario Patrón Sánchez, Rector de la Universidad Iberoamericana Puebla, durante la inauguración del Congreso.

La IBERO Puebla busca generar conocimiento sustentado en diálogo con las realidades en las que está inmersa, para promover el desarrollo sostenible y la construcción de una sociedad más justa. Para este sistema educativo, explicó el titular de Rectoría, el servicio social tiene una amplia potencialidad para que los jóvenes se encuentren con distintas realidades, así como para reorganizar la institución universitaria y transformarla.

Este ejercicio formativo es una oportunidad para construir experiencias de diálogo y aprendizaje. “Si somos capaces de cultivar estas experiencias, sus raíces darán frutos de esperanza y reconciliación”. Patrón Sánchez celebró que el servicio social de inmersión ha significado un camino ideal para que el contacto con la realidad nutra la teoría y refrende la vocación profesional.

Aclaró que el servicio social y el voluntariado no atiende a un voluntarismo caritativo, sino a una responsabilidad histórica donde el origen, centro y fruto del análisis académico radica en la realidad en la que estamos inmersos. Asimismo, destacó la importancia de reconocer la manera en que diferentes agentes universitarios comprenden y ejecutan los procesos de aprendizaje e incidencia social para garantizar el crecimiento colaborativo.

La pandemia ha modificado nuestro estilo de vida. A los riesgos de salud le ha seguido los costos económicos y educativos. En concreto, se ha puesto en relieve la aguda brecha digital que priva a millones de estudiantes de recibir educación de calidad. Así lo reflexionó la Dra. Susana Pastrana Corral, presidenta de la Comisión Interuniversitaria de Servicio Social (CISS).

Las condiciones actuales no permiten identificar claramente el éxito o fracaso educativo. Para el servicio social, estos conceptos están relacionados con el desarrollo integral. “Los estudiantes pueden obtener buenas calificaciones, pero esto no es éxito. En este momento, crecer como seres humanos es la forma más importante de ganar”.

Aprendizaje en contextos de exclusión

El servicio social y el voluntariado deben constituir una experiencia mutuamente enriquecedora, tanto para quien ofrece el servicio como para quien lo recibe. “Nuestra formación profesional nos equipa para contribuir a personas y comunidades. Tenemos que devolver algo que hemos recibido en condiciones de privilegio”, comentó la socióloga Sylvia Irene Schmelkes del Valle.

Durante la conferencia inaugural del Congreso, la investigadora definió la educación como el proceso de ayudar al otro a crecer en autonomía. En ese sentido, el servicio social tendría que perseguir esta meta: que quien realiza el servicio crezca como consecuencia del encuentro con el otro.

Admitió que, si bien la vida en si misma es un descubrimiento diario, hay cosas que solo pueden aprenderse en la escuela. “La educación formal conduce a un aprendizaje difícil de adquirir sin una pedagogía, lo que implica una introducción gradual de habilidades superiores de pensamiento”. Un ejemplo de ello es la lectura de comprensión y la escritura, así como el lenguaje matemático.

La escuela también es el entorno ideal para aprender a convivir, pues amplía el espectro de la diversidad y permite el desarrollo personal integral. Esto conduce a la formación de valores y conciencia sobre los derechos humanos y democracia. Bajo esa lógica, el acto de enseñar es un complemento, una vía para lograr un fin último: el aprendizaje.

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“El enfoque intercultural es esencial para todo servicio social, pues supone absoluta horizontalidad y reconocimiento explícito del valor de toda persona y de toda cultura”: Sylvia Schmelkes.

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Schmelkes del Valle aseguró que la desigualdad es el principal problema de la educación en México. Los grupos más excluidos del derecho a aprender son los que habitan en zonas rurales con menos de 2,500 habitantes (cerca del 27% de la población nacional). De igual manera, aquellas personas en condiciones de pobreza: 20.7 millones de niños viven en pobreza moderada y 5 millones en pobreza extrema.

Otro grupo vulnerable es la población indígena: el 80% de las personas indígenas vive en condiciones de pobreza. Si bien la mitad habitan en zonas urbanas, estos tienen que enfrentarse a discriminación sistemática permanente. Señaló también al trabajo infantil como enemigo de la escolaridad: pese a que está prohibido por ley, 3.2 millones de niños trabajan; muchos de ellos lo hacen en condiciones de riesgo.

Entre las causas de la exclusión educativa, la experta destacó dos variantes: la distribución de recursos económicos y materiales y la falta de relevancia en el aprendizaje. “Tenemos un modelo de escuela que conforme se va acercando a las zonas de pobreza se va empobreciendo a sí mismo”.

La vicerrectora Académica de IBERO Ciudad de México-Tijuana concluyó que los estudiantes y profesores deben conocer la realidad antes de realizar el servicio social. Esto debe llevar a la indignación ante lo injusto para comprometerse con las causas en las que se va a colaborar. “Todo servicio social es una experiencia fuerte, pero fundamentalmente educativa para ambas partes”.

Durante la primera jornada del Congreso de Servicio Social, el CISS entregó premios a proyectos desarrollados entre agosto 2019 y octubre 2020. Entre los múltiples trabajos premiados destaca la presencia de Carime Martínez González de la IBERO Puebla en la categoría “estudiante individual”. 

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